Mucha expectación pero poco espectáculo

Mucha expectación se había creado en torno al único debate electoral a cuatro de la historia de nuestro país. Sin embargo, el ajustado resultado que pronostican todas las encuestas hizo que los candidatos a la Presidencia del Gobierno siguieran estrategias muy conservadoras el 13-J. 

No se vieron grandes momentos, ni grandes discursos, ni grandes refutaciones. También hay que tener en cuenta que este tipo de formato hace que, en general, los candidatos valoren muy por encima la posibilidad de equivocarse que la de acertar, ya que restan mucho más que suman. Además, otra circunstancia que también condicionó fue que se tratan de las segundas elecciones en seis meses.

Si se valora de manera individual, candidato por candidato, es difícil saber quién fue el ganador ya que no hubo ninguna actuación sobresaliente. Lo que parecía claro, incluso antes de que empezara el debate, es que el presidente del Gobierno en funciones sería el blanco de todas las críticas. Es normal, siempre se desgasta más el que tiene la responsabilidad de gobernar. Sin embargo, sin grandes alharacas consiguió aguantar el tipo.

Muchos analistas coinciden en que la actuación de Pablo Iglesias estuvo bien, mucho más comedida que en otros momentos, echando mano constantemente de la posible coalición con el PSOE de Pedro Sánchez, pero sin mostrar una actuación especialmente brillante. Ninguno lo fue.

En cuanto a Albert Rivera, le puso intención, de eso no cabe duda. Y aunque empezó fuerte, se fue desinflando poco a poco. Es un formato complejo, en el que hay que mostrar una gran capacidad de concentración. Pero tampoco él se llevó al gato al agua, aunque dejó alguna pincelada de buen orador.

Si hubo un candidato que dejó pasar una oportunidad de oro, especialmente teniendo en cuenta lo que auguran las encuestas para su partido, fue Pedro Sánchez. Hubo momentos que daba la sensación de que estaba relegado a un segundo plano. No cumplió con las expectativas de un líder del principal partido de la oposición con aspiraciones reales de presidir el gobierno, especialmente con la insistencia lastimera de culpar a Iglesias y Rajoy de haber bloqueado su candidatura.

El hecho de que el debate electoral se programara al principio de la campaña pretendía que los candidatos tuvieran tiempo suficiente para enmendar los posibles errores. Sólo falta por ver cómo se desarrollan los 10 días que faltan pero nada parece apuntar a que sea muy diferente de lo que se vio anoche en televisión.

Muchos españoles estaban expectantes para saber si por fin podríamos tener un gobierno o si la posibilidad de unas nuevas elecciones seguiría en el aire. Nada quedó claro, pero parece intuirse el deseo de que existan coaliciones, ya sea entre los partidos más moderados, ya sea entre los que se sitúan en el eje ideológico de la izquierda.

El debate electoral concluyó sin grandes titulares, sin pena ni gloria, sin ni siquiera una buena emisión. Nada pareció ayudar a que se convirtiera en un acto político memorable.

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